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Jaco y las comidas

El otro día uno de los habituales del blog me sugirió que hiciera una entrada hablando de Jaco y su comportamiento frente a la comida. Como soy muy aplicado, y es un tema del que todavía no he dicho nada, ahí queda eso.

Desde el primer día que Jaco llegó a mi vida, he estado alimentándolo con pienso, o lo que se conoce como “comida seca”. También desde el primer momento, y debido a que había leído que los Beagles no comen, sino que devoran, y a los consejos de mi libro de cabecera “Un Cachorro en Casa” de Ian Dunbar (se lo recomiendo a todos aquellos que tengan pensado adquirir un cachorro de la raza que sea), le he dado la comida a través de unos juguetes de la marca Kong.

Dada la edad de Jaco, que tan solo cuenta con 13 semanas de vida, come tres veces al día. Generalmente respetamos el mismo horario todos los días, desayunando a las 7 a.m., comiendo hacía las 14:45 p.m. y cenando a las 8:30 p.m., aunque hay días que por distintas circunstancias los horarios pueden variar.

Jaco como buen Beagle, no come, sino que devora; es por ese motivo por lo que cada toma se divide en 3 fases actualmente, tomando cada vez un Kong. Desde el principio tuve claro que para comer Jaco tendría que aprender a esperar, aunque fuera un mínimo tiempo, pero que fuera paciente. Por eso nuestras rutinas de comida consisten: primero, en que Jaco se siente; segundo, le dejo la comida en su cuenco; y tercero, hasta que no le digo “ahora” le impido acceder al alimento. Cuando soy yo quien le pone la comida, ejecuta la rutina a la perfección, con mi mujer intenta saltarse algún paso, pero no lo logra.

Otra cosa que tuve claro desde el principio, era que había que acostumbrar a Jaco a que lo molestaran cuando comiese. Sé que puede sonar extraño, pero creí necesario que Jaco aceptase que alguien metiera la mano en su cuenco mientras come, e incluso que lo empujen o golpeen en ese momento. Y lo creí así, para que Jaco no se revuelva tirando una dentellada a la persona que lo molesta, porque esa persona puede ser un niño, que en su afán de jugar con el perro, o de investigar, meta la mano en su cuenco para averiguar que es lo que come Jaco.

Bueno, para terminar la entrada creo que lo mejor es ver como come Jaco, esta vez lo alimenta su dueña.

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¿Qué tomará el Señor?

Jaco tiene tres meses, estábamos disfrutando de muy buen tiempo, era fin de semana, todas estas circunstancias y otras más, indicaban que había llegado un momento importante; intentaríamos disfrutar de una comida fuera de casa en compañía de nuestro orejón.

Eran las 2 de la tarde, 23º de temperatura, con un 80% de humedad, calor veraniego, Jaco ya había comido, y tras un breve paseo llegamos a un pequeño restaurante. Allí habíamos quedado con mi amigo el Gaviero, su mujer y su hija, para compartir la comida y la sobremesa. Una vez en el sitio, pedimos una mesa en el exterior, en una terraza sita a unos 30 metros de la playa, con lo que comeríamos disfrutando del maravilloso paisaje que nos ofrecía el mar Mediterráneo.

Como suele ocurrirnos cuando llegamos a cualquier lado, muchas miradas recayeron en Jaco, pues es un cachorro simpático y que llama la atención. Varios turistas de nacionalidad inglesa, se arrimaron al can, para hacerle carantoñas, y alabar lo bonito que era. Una vez nos dijeron cual era nuestra mesa, tomamos asiento, y ubiqué a Jaco junto a mí, atando la correa a la silla, y dando la orden de “échate” y “quieto”; para que estuviera entretenido, le di una barrita para perros, que mordisqueo por un rato.

Estuvimos comiendo durante dos horas y media, y en todo ese tiempo, Jaco se ha mantenido tranquilo. Tan solo se ha intentado ir a explorar en un par de ocasiones, y ha sido porque le han llamado de otras mesas para ofrecerle comida y acariciarlo. Como ejemplo de la tranquilidad que ha atesorado Jaco, valga que a los 20 minutos de estar en la terraza, se ha dormido como un bendito.

Jaco y Ruben 3 meses.jpg

Como se ha portado tan bien durante la comida, cuando hemos llegado a casa, hemos disfrutado de una siesta conjunta

Por si no hubiese sido bastante con la anterior experiencia, por la tarde nos fuimos a dar un paseo por la playa. Ya sabéis que a Jaco le encanta correr por la arena, experimentando momentos de libertad, y además es de los pocos sitios en los que hace sus necesidades sin problema.

Después del paseo, hemos terminado en otro restaurante, en donde íbamos a cenar. Tras preguntar si podíamos entrar con Jaco, y tener el beneplácito de los propietarios del local, disfrutamos de una agradable velada, donde Jaco termino de la misma manera que a mediodía, es decir, dormido.

Hoy se ha cumplido uno de mis mayores anhelos, consistente en poder disfrutar en compañía de mi perro de una comida, o una cerveza, o un aperitivo…, en una terraza con buen tiempo, sin que nadie me llamé la atención, o bien yo me encontrara incomodo, porque mi perro no supiera comportarse.

Creo que también se ha cumplido lo que en su blog profetizó mi amigo el Gaviero:

“Pero no dudo que al final el can podrá sentarse en las mesas más distinguidas y acompañar a mi amigo por todo el orbe”

Jaco y yo, brindamos por ello.

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