Domingo con niños

El Domingo, dado que no tenía programada ninguna actividad matutina, salvo la Formula 1 en la TV, y como a Jaco le da igual que el día que sea, festivo, laboral, o múltiplo de pi, no me quedó más remedio que levantarme a las 8:00, después de haber estado oyéndolo lloriquear durante más de una hora. Desayunamos, vimos un poco la TV con el café, leímos el correo-e, y como Jaco empezaba a solicitar mi atención, que mejor que irnos a la calle.

Los Domingos temprano no hay un alma por las calles, tan solo te puedes encontrar con los que vuelven de fiesta, los abuelos que van a por el periódico temprano para combatir su insomnio, el que se está preparando unas oposiciones con pruebas físicas, y los propietarios de perros. Como hito del día, Jaco defecó en la playa.

Siguiendo con el paseo, y con el título de esta entrada, fuimos a ver a unos amigos que habían venido a pasar el fin de semana. Mis amigos tienen dos hijos, y se trajeron a su sobrina. El sábado en cuanto llegaron vinieron a buscarnos para conocer a Jaco y luego irnos a comer por ahí. Sus dos hijos (de 9 y 6 años) se volvieron locos con “el orejón”, y le tuvieron corriendo durante 10 minutos de un lado para otro; Inés por contra, al ver al can salir tras de ella, comenzó a llorar, alegando que tenía miedo. Esa mañana, con la idea de despedirme de mis amigos, permitir disfrutar a los niños de Jaco y viceversa, e intentar hacer superar el temor de Inés, me fui a su casa.

Cuando llegamos, los niños estaban todavía en pijama, e Inés empezó a sollozar tan solo al ver que Jaco estaba en la puerta de casa. Con un par de “sienta” y “échate”, la curiosidad picó a Inés, que pidió acariciar a Jaco; primero con más miedo que vergüenza, y poco a poco con más confianza. Bien, pues 5 minutos después, Inés pedía a sus tíos poderse ir a dar un paseo con el Beagle, y sirva como prueba la foto.

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Los niños vuelven loco a Jaco, el pobre quiere mear y no lo dejan.

Además de lograr que surgiera una nueva amistad entre una niña y un perro, los periodos de Jaco con niños tienen que ser muy desesperantes para el pobre perro. Cada vez que está con niños, estos le vuelven loco; le hacen correr de un lado para otro, le tiran continuamente de la correa, le dan ordenes una tras de otra sin orden ni concierto haciéndole muy difícil acatar alguna. Pero a pesar de todo ello, Jaco es muy feliz con los niños, y se porta muy bien con ellos; y creo que los niños también disfrutan sobre manera con un beagle.

Una vez que dejamos a los pequeños monstruos, ya en casa y con la intención de asear a Jaco, que todavía tenía el cuerpo lleno de arena de la mañana anterior, y de grabar un nuevo vídeo para este blog, bañamos al chucho. Respecto al vídeo no voy a decir nada, porque el operador de cámara, que era mi mujer debió de pasarse a ver a mi vecino el del orujo, y coloco la misma de tal manera que se nos ve perfectamente a ella y a mí, pero no a Jaco que esta nítidamente tapado por la mesa sobre la que se apoyó la cámara; así que no hay video que valga.

Bueno, pues que pensaba que el baño relajaría a Jaco, y lo que hizo fue ponerlo como una moto. En cuanto lo mojamos comienza a chillar, y llorar, pero una vez que lo enjabonamos y comenzamos a darlo un masaje relajante, el tío se queda “más ancho que Pancho”; hasta que vuelve a acercarse el chorro de agua. Todo él enjabonado comienza a retorcerse como si tuviera un demonio en el interior, y debido al jabón de su cuerpo se nos resbala como una sardina, pero gracias a unas barritas para perro logramos que se quede quieto hasta que está totalmente aclarado y limpio.

Una vez secado al sol, mientras nosotros nos cambiábamos de ropa para irnos al cine, nos encontramos al orejón en un sitio que tiene terminantemente prohibido, el sofá; con lo que se llevó la pertinente reprimenda. Estoy convencido que una vez que nos fuimos volvió a tomar el sofá, triunfante, y henchido por su pírrica victoria al no estar presentes sus amos.

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Con lo mal que lo he pasado en el baño me merecía un descanso.

Para terminar os diré que Jaco nos ha dado una noche de perros, nunca mejor dicho. Cada 2 horas ha estado lloriqueando en la escalera, intentando llamar nuestra atención. A eso de las 5 de la mañana, mi mujer ha cedido y ha ido a ver que pasaba; 10 minutos después se ha vuelto a la cama diciendo: “El muy capullo ha salido a mear al patio de atrás y se ha vuelto a su cama, no sé que querría.”

A las 6, ante su insistencia me he levantado, y como yo he bajado al salón a oscuras, me he dado cuenta de que era lo que estaba intentando decir Jaco toda la noche, nos habíamos dejado una luz encendida en una habitación. No sé si quería avisarnos del descuido, o más bien que como veía una luz encendida pensaba que estábamos de fiesta en nuestra habitación sin contar con él, y por eso nos llamaba.

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