Sin palabras

Hoy me disponía a continuar este diario informático con las nuevas andanzas de Jaco tras su estancia de fin de semana por tierras castellanas resumiendo como fue la estancia y sus interacciones con otros perros, pero me ha sorprendido un articulo escrito por un gran amigo en su bitácora personal, en la cual habla de Jaco y nuestra amistad. La verdad es que tras la lectura de su entrada me he quedado sin palabras, pues me ha embargado la emoción ante palabras tan bonitas, que se notan escritas desde el cariño, lo cual agradezco enormemente, y no me queda más remedio que reproducirlas aquí.

 

100_1351A mi amigo del psiquiátrico, al que a ratos visito en busca de paz y sosiego en estos tiempos ociosos, forzosamente, e inclementes, le han permitido, para reforzar pastillas y electrochoques, cuidar un pequeño cachorro canino, que le alegra los días y enturbia los ojos de ilusión y esperanza. El pequeño beagle, raza temperamental y noble, se adapta como puede a las condiciones y ritmos del psiquiátrico, y a fuerza de decir la verdad, sorprende a propios y extraños con su aplicación y entusiasmo, difícil tránsito de la camada a la camaradería.

Mi amigo, que antes de la llegada del pequeño había leído media biblioteca y puede ahora añadir a sus conocimientos otros enciclopédicos sobre crianza y educación de cachorros, desarrolla un método propio para hacer del pequeño Jaco todo un ejemplo para el mundo canino; cuenta a su favor con la buena disposición genética del cachorro y su infinita paciencia. Y ahora nadie duda que culminará la educación con éxito, con algunos intervalos de micciones y cagaditas fuera de sitio y algún que otro calcetín destrozado por las pequeñas acometidas perrunas. Pero no dudo que al final el can podrá sentarse en las mesas más distinguidas y acompañar a mi amigo por todo el orbe, una vez curado de sus dolencias y achaques.

A mi amigo le sienta bien la terapia, y lo veo ahora más extrovertido y risueño, y contemplando al perrillo, la sonrisa ilumina su rostro, últimamente encanallado y taciturno por las circunstancias del país y paisanaje, que tanto afectan a su bonhomía y filantropía. El pequeño beagle ha venido a tiempo para que comprendamos con él que el hálito de esperanza aún reside en las pequeñas cosas del mundo, y puede una travesura de un cachorro reconciliarnos con la vida y trascender la hediondez, tristeza e insensatez en que vivimos, antes de la lluvia ácida que nos ahogue y nos vuelva locos…

Después de varios debates en su módulo, según me confesó, y de varias noches insomnes de diccionarios y etimologías, ha decidido llamar al pequeño Jaco, acortando el latín Jacobus, en honor y castellanizado, del gran Santiago Matamoros, Patrón de las Españas. Todavía, obviamente, es mucho nombre para tan poco can, pero esperemos que al final la elección sea la adecuada; y a decir verdad, le agradezco que el nombre rotundo sea en castellano y no en su admirada parla británica, que mi amigo domina como nacido en Stratford Upo Avon – él es de la gran llanura pucelana, tierra de vid e imagineros, castellanos viejos y cereal -; en la raya casi árabe y africana en la que vivimos y pacemos, es una gratificante reconciliación con nuestras comunes raíces castellanas, él Vieja y yo Manchega, llano, vid y navaja. Y aunque el animal no sea galgo corredor y demás, le disculpo la elección de la raza británica por la elegancia y originalidad, ajena a modas y experiencias eugenésicas aplicadas últimamente con alegría y desconsideración a las razas caninas, amén de la querencia british de mi amigo.

Siempre pensé que el cuidado y atención que una sociedad presta a sus animales es sentido de civismo y civilización, y, sin dejar de pensar que son animales, la educación y saber estar de los dueños está íntimamente relacionada con la de sus mascotas, en una innegable y, a veces, sobrecogedora asimilación de los unos en los otros. Afortunadamente para mi amigo, el perrillo apunta maneras y cuando alcance la edad madura, será un buen ejemplar y mejor compañía, gracias al esfuerzo y dedicación. Hago votos por ello.

Salgo de mi ultima visita al psiquiátrico reconfortado por los progresos de mis nuevos compañeros, caudales de amistad, cariño, cuidado, atención, entrega y compromiso; conceptos quizá hoy en desuso, pero que un pequeño orejudo y tricolor nos enseña a veces.

¡Loor al pequeño Jaco y a su cuidador!

Aunque quizá salgo con un poco de envidia en el alma, sustituido a ratos en la amistad del amigo por un perrillo alegre y dicharachero. En fin.

Muchas gracias de nuevo Enrique, si queréis leer más artículos suyos no tenéis más que pasaos por su blog, El Sueño del Gaviero

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1 Response so far »

  1. 1

    princesa destronada said,

    Cuando uno lee estas líneas se da cuenta lo placentero que resulta, a los oidos y la vista un buen manejo del castellano. Una entrada preciosa, lo tiene todo, ternura, evocación a las raices, esas llanuras, “cárdenas roquedas” como decía Antonio Machado, que tanto echamos de menos, y el cariño con el que está escrito. Mi enhorabuena,Gaviero.
    PD: supongo que la hazaña de hoy de Jaco será objeto de entrada a parte, por lo escatológico del tema.


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