Como todos los fines de semana, a eso de las 8 a.m., Jaco ya está rascando la puerta de casa, ávido de su desayuno y de recibir un poco de atención. No está demasiado mal porque logra aguantar una hora más que los días de diario, en los que por motivos de trabajo a las 7 ya estamos con él.
Para no perder la rutina, una vez que él desayuna su ración de pienso, y yo me tomo un café, salimos a pasear. Es un momento magnifico, porque como ya he contado en muchas ocasiones, apenas hay gente por la calle, y todavía no hace excesivo calor, pues aquí donde vivimos, en el Sureste español, ya estamos disfrutando de altas temperaturas.
Los paseos matutinos de un día cualquiera, no suelen tomarnos más de 20 minutos, más que nada, porque por suerte o desgracia, según se mire, tengo que ir a trabajar. Por contra los paseos matutinos de los fines de semana se alargan hasta una hora, o un poco más. Jaco disfruta enormemente con esos paseos, tanto los diarios como los de fin de semana, pues corre, olfatea, se ejercita, defeca, orina, etc… Generalmente esos paseos matutinos nos sirven para desfogar las ansias de ejercicio de Jaco, pues en la mayoría de las ocasiones suele ir sin correa, libre, yendo y viniendo a su antojo, siguiendo únicamente lo que le marca su nariz. No creo que sea capaz de describir con palabra la alegría que emana de todo su ser cuando está correteando por la playa, o por un descampado.
Una vez que volvemos, y pese a que suelo darle agua de las fuentes que surgen a nuestro paso (antes de que alguien diga que soy un guarro explicaré que las fuentes a las que me refiero son las típicas duchas para píes de la playa, no fuentes de donde beban seres humanos), en casa se mete entre pecho y espalda casi un litro. Corretea por el patio diez minutos, jugando con alguno de sus trastos, y luego busca su sitio para dormir.
Ese sueño reparador que se echa, suele durar casi una hora, y no os hacéis una idea de la envidia que me da, porque yo una vez despierto no logro volver a dormirme, y claro me he pegado un madrugón como el de Jaco, y he recorrido la misma distancia que él, tal vez con un poco menos de calor porque yo no tengo su abrigo de pelo natural, pero estoy cansado, que me voy haciendo mayor….
Hoy fijaos si ha venido cansado, que no quería entrar a beber agua, y ha decidido que tenia que echarse a dormir en la calle, justo enfrente de casa, pero en mitad de la carretera. Finalmente ha accedido a entrar, y dormir a la sombra.

Jaco llegó tan cansado que se durmió en la carretera
Además de esos paseos “tempraneros”, en los primeros días de Mayo, cuando Jaco comenzó a salir a la calle, solíamos dar otro paseo a mediodía, de unos 20 minutos, pero hemos tenido que cortarlo debido a las inclemencias atmosféricas. Hace demasiado calor a eso de las 15:15 para salir a la calle, no hay un alma, está todo más desértico que las mañanas de los domingos temprano. Así que ahora, salimos a un solar que hay a 100 metros de casa para intentar que Jaco se alivie, aunque generalmente no lo logra y lo hace en el patio de casa, y vuelta al refugio sombrío del hogar donde la temperatura es suficientemente agradable. Los 10 minutos que estamos en la calle son agobiantes para Jaco, no ha puesto una pata en la calle y ya está hiperventilandose, y en lugar de andar, parece que se arrastra tras de mí; y como a mi también me costaba horrores el salir con esa “chicharrera” decidí cortarlos hasta que vuelva el frío otoñal, y no padezcamos ni Jaco ni yo.
El otro paseo importante del día es que damos por las tardes, una vez que la temperatura es mucho más agradable, y he vuelto del trabajo, hacia las 20 ó 20:30. Ese paseo es, a diario, el más agradable que damos, pues nos permite disfrutar del tiempo juntos, jugando, corriendo, saltando, escondiéndonos, y haciendo muchas otras cosas juntos. Es en esos paseos de hora y media, cuando nos encontramos con otros perros, lo que permite a Jaco socializarse, y a mí hablar un poco con los dueños; es cuando nos encontramos con niños que quieren acariciar a Jaco, y este se tumba panza arriba y se deja manosear; es cuando practicamos como cruzar la calle y la carretera, manteniéndose Jaco parado hasta que le doy la orden; es cuando disfrutamos juntos de unas preciosas puestas de sol; cuando Jaco es un desobediente en ocasiones; es cuando realiza allanamientos para saludar a otros perros o tan solo seguir algún olor que le llama la atención. Y lo que es más importante, es el paseo que le ayuda junto con el de la mañana a hacer el ejercicio necesario para ser un perro equilibrado en lo físico y en lo mental.

Los paseos vespertinos sirven para conocer a otros perros
Es gracias a estos paseos, y al desgaste físico al que someto a Jaco, y que yo mismo también padezco, a lo que achaco que Jaco no suele morder cosas en casa, y duerme por las noches como un bendito, y yo mejor no os lo cuento….